15 oct. 2010

PRESOCRÁTICOS (XII): Los pluralistas – Anaxágoras

Anaxágoras nació hacia el 500 a. C. en Clazómenes, ubicada en la actual Turquía, y murió en el 428 a. C. en Lámpsaco. Destacó como filósofo, geómetra y astrónomo y cabe mencionar que contó con ilustres figuras como discípulos suyos mientras vivió en Atenas: Pericles, Tucídides, Eurípides, Demócrito, Empédocles e incluso algunos llegaron a decir que también lo fue Sócrates. Hay quien dice que su cercanía a Pericles fue la causa de que lo acusasen de impiedad (acusación que hoy entenderíamos como “ser culpable de ateísmo”), como tantos otros muchos amigos del dirigente ateniense, pero quizás algunas afirmaciones de Anaxágoras, el cual sostenía ideas como las de que el sol era una masa de hierro encendido o que un meteorito caído en tierras griegas provenía del propio astro rey, al ser contrarias a la religión popular, ayudaron a que se le condenase por impío.

Anaxágoras se va a colocar ante la misma problemática que Empédocles: salvar la evidencia de la pluralidad y el movimiento presentes en el Cosmos, sin por ello transgredir las leyes de la razón que Parménides había establecido. Para lograr este fin sostendrá la existencia de una pluralidad infinita de realidades materiales cualitativamente distintas a las que llamará "homeomerías", y una realidad generadora del movimiento a la que llamará "Nous" (mente, entendimiento). Detengámonos un momento: las llamadas “homeomerías” constituyen una pluralidad infinita (es decir, son infinitas en número) y cualitativamente distintas entre sí. Es decir, la realidad está compuesta por un número infinito de “homeomerías” distintas entre sí que, al moverse y combinarse, darán lugar a las realidades distintas que observamos en el Cosmos. El que estas “homeomerías” se muevan, combinen y transformen se debe a que existe un principio de todo movimiento que Anaxágoras llama “Nous”. Este “Nous”, que podemos traducir por “inteligencia”, no debe ser tomado como un principio abstracto, incorpóreo o espiritual, sino como principio material que mueve “físicamente” a las “homeomerías” (acabando así con la abstracción de Empédocles que concebía el movimiento en base a dos principios inmateriales como eran el Amor y el Odio).

La doctrina sobre la materia de Anaxágoras se basa en dos proposiciones:

1) "Las homeomerías se caracterizan porque todas sus partes son homogéneas": Esto quiere decir que si dividiésemos una homeomería al máximo, todas las partes resultantes serían idénticas entre sí.

2) "Hay una porción de todo en cada cosa": A esta afirmación de su doctrina llega Anaxágoras a partir de la experiencia de la nutrición ¿Cómo es posible que comiendo verduras y pescado por ejemplo, nos crezca el pelo y las uñas? La respuesta es que en cada cosa, como podrían ser las verduras y el pescado, hay semillas (en griego "spermata") de todo, de pelo y uña entre otras cosas, de esta manera al comer dicha verdura y pescado mi organismo asimila sus semillas que acabarán “germinando” en forma de pelo y uñas. Parece que de acuerdo con esta segunda afirmación, en el proceso de división de cualquier cosa, incluidas las homeomerías, debiera llegarse a un punto en el que aparecieran diferenciadas esas semillas y dichas semillas contienen todas las posibilidades de ser. Así, por ejemplo, vemos como en el caso de la nutrición los alimentos que tomamos se transforman en algo totalmente distinto a lo que eran al ser asimilados (pelo, uñas, energía para las células, etc.).

En un principio puede parecer que hay contradicción entre estas afirmaciones, pero no es así: Las homeomerías al dividirse siguen siendo idénticas entre sí. Es decir, si tomamos una homeomería y la dividimos en dos, ambas homeomerías serán iguales. Es como si dividiésemos dos gotas de agua de una gota inicial, ambas gotas serían idénticas en su composición. Pero al mismo tiempo cada homeomería contiene dentro de sí semillas que pueden acabar transformándose y convirtiéndose en algo totalmente distinto a lo que eran. En el ejemplo que hemos utilizado diríamos que las gotas de agua que hemos obtenido de la división de una gota inicial (y que son idénticas entre sí) contienen dentro de sí las semillas que harán que esta materia se transforme según sea el agua ingerida por un hombre o utilizada para regar una planta.

El Nous es la realidad que Anaxágoras introduce para dar cuenta de la existencia del cambio. El Nous es la fuerza que pone en movimiento a la masa de las homeomerías y que permanece sin mezclarse con ellas; es la única realidad que no contiene semillas de otras cosas aunque todo aquello que esté vivo contiene una porción del Nous. Al proponer al Nous como fuerza motriz, Anaxágoras está colocando como principio rector del Cosmos a una realidad de carácter intelectual. Este hecho apunta en la dirección de concebir el orden del Universo como resultado del trabajo de una inteligencia que actúa conforme a fines. Los procesos naturales habrían sido planeados para alcanzar la máxima perfección posible en cada caso. Sin embargo, Anaxágoras no llega a colmar estas expectativas que su doctrina había generado: El Nous se limita a introducir en la masa de las homeomerías un movimiento de remolino, y será este remolino el responsable directo de la construcción del Cosmos gracias a la acción de fuerzas de carácter mecánico y sin finalidad alguna, al contrario de lo que habría hecho una inteligencia ordenadora.



Conversación entre Anaxágoras (a la derecha, sentado) y Pericles (a la izquierda)


Vamos a por una de anécdotas:


Anaxágoras “el ciudadano del Cosmos”: Me gusta mucho esta anécdota que Diógenes Laercio retrata de la siguiente forma: Parece ser que Anaxágoras despreciaba o al menos no apreciaba en exceso los bienes materiales y obviándolos y pasando de ellos se dedicó al conocimiento de la Naturaleza. Un día, un buen hombre le vino a preguntar si no le importaba para nada su patria y los asuntos que en ella se daban, a lo que Anaxágoras contestó mientras miraba al cielo: “Yo venero en extremo mi patria”. Anaxágoras no admite ser un apátrida, sino que se considera un ciudadano del Cosmos, alguien que quiere comprender y estudiar sus reglas y leyes que, a ojos de este buen filósofo, poseen más peso e importancia que los asuntos humanos. A fin de cuentas, los asuntos humanos también transcurren en el seno del Cosmos. Como él mismo afirmó, había nacido “para contemplar el sol, la luna y el cielo”.

Anaxágoras “el hedonista generoso”: También se dice de él que al final de su vida, cuando ya residía en Lámpsaco, le preguntaron si tenía alguna última voluntad para cuando muriese y Anaxágoras contestó que le gustaría que cada año en el mes de su muerte se le permitiese a los jóvenes jugar libremente. Y así se hizo. Nada de cortejos fúnebres para el filósofo, sino gozo y disfrute para rememorarle cuando ya no esté entre nosotros.

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