21 oct. 2010

PRESOCRÁTICOS (VI): Pitágoras y la escuela pitagórica

Pitágoras nació en la isla de Samos (Jonia), de la cual tuvo que huir, debido a la tiranía de Polícrates, para ins­talarse en Crotona, una polis situada en el sur de la península italiana en la que pasó la mayor parte de su vida y donde el filósofo junto a sus discípulos legisló y administró los negocios públicos de los italianos. De las fechas importantes en su vida sólo es posible precisar que en el año 530 a. de C. era ya un hombre maduro y por ello no podemos establecer con certeza su fecha de nacimiento y muerte. El por qué: Pitágoras se convirtió muy pronto en un personaje legendario del que, en las noticias que conservamos, se mezcla lo auténtico con lo novelesco. Bertrand Russell llega a decir con mucha ironía (en su “Historia de la Filosofía”) que había quien sostenía que Pitágoras era hijo del dios Apolo mientras que otros colocaban como su padre al rico Mnesarchos, invitando al lector a elegir entre las dos posibilidades.

Pitágoras parece que ejerció una influencia personal sobre sus discípulos y sobre cuantos le conocieron sólo equiparable a la que más tarde ejercerá Sócrates en la sociedad griega (por hacernos una idea: la anécdota anterior, Pitágoras como hijo de Apolo, proviene de la presencia de una marca de nacimiento dorada en el muslo del maestro que hizo a sus discípulos sospechar de su procedencia divina). Esta influencia y notable carisma le permitió fundar una escuela en la que los lazos que ligaban a los discípulos eran de tal índole que, al parecer, imponían la renuncia a sus familias y sus posesiones, así como un juramento en el que se comprometían a guardar los secretos propios de la escue­la. La temática de la que se ocupaban en sus estudios abarcaba desde la filoso­fía, hasta la religión o la política. Pero debido a que no conservamos ningún escrito del propio Pitágoras, no nos es posible asignar las distintas doctrinas a diferentes miembros de la escuela y en particular a Pitágoras. A esto hay que sumarle que todos los miembros de escuela pitagórica firmaba sus tratado con el nombre del maestro, de forma que nos resulta imposible determinar qué fue obra y qué no del propio Pitágoras en el conjunto de las enseñanzas pitagóricas.

No se ha podido establecer si Pitágoras dejó algún escrito con su pen­samiento. Aunque disponemos de testimonios de sus discípulos que niegan que Pitágoras escribiese alguna obra filosófica, tales testimonios pudieran ser in­teresados. Ni siquiera es posible asegurar que Pitágoras se ocupase de los tres asuntos capitales para la escuela, quizás se dedicó de modo exclusivo a la doc­trina de la inmortalidad del alma, quedando el resto de los temas como el pro­ducto originario de sus discípulos. Esto es posible porque los pitagóricos, aún constituyendo una escuela bastante hermética, disponían de un amplio margen de libertad de pensamiento; ni siquiera las doctrinas formuladas por el propio Pitágoras estaban a salvo de la crítica. Tal vez un considerable distanciamiento de las doctrinas originarias de Pitágoras pudo ser la causa de que sus discípu­los más tardíos negaran la existencia de obra escrita de su maestro de la escuela, tratando de salvar de esta forma la integridad de la imagen de su fundador.

Y ya que hablamos de tres asuntos capitales en la doctrina pitagórica lo mejor será ver estos de forma separada:

1. La doctrina sobre el alma: Los pitagóricos y parece ser que en particular el propio Pitágoras defendieron la inmortalidad del alma. Esta idea no era completamente nueva en Grecia. En la mitología homérica ya se hablaba del alma humana y se la consideraba como una especie de sombra del cuerpo que, una vez muerto éste, se dirige al Hades, por donde vaga sin destino. La novedad del pitagorismo consiste en sostener que lo inmortal en el ser humano, no es una parte insignificante de él, sino lo verda­deramente vivo, su parte más fundamental y aquella que sobrevive al cuerpo sufriendo las posteriores transformaciones (encarnaciones) en función de la vida desarrollada por el individuo. En estas cuestiones el pensamiento pitagórico se entremezcla con las creencias órficas ya que, de hecho, parece ser que la idea de la inmortalidad del alma pudo ser extraída por parte de Pitágoras de dichas creencias.

Es cierto que en Pitágoras se puede entrever la concepción de un alma separada del cuerpo y capaz de vivir una existencia independiente, pero la mentalidad presocrática, incapaz de separar materia y espíritu concibiendo una existencia de tipo inmaterial, le impidió dar el salto al dualismo antropológico (separación entre dos realidades: cuerpo, material, y alma, inmaterial o espiritual), salto que dará definitivamente Platón. En su lugar Pitágoras adoptará la teoría de la transmigración de las almas que, de nuevo, tomó del orfismo. El orfismo es una religión venida de Tracia que cobró una especial importancia en el mundo helénico en el siglo VI. Supone la antítesis de la religión oficial de los dioses olímpicos y su rápida difusión entre los griegos se justifica porque venía a cubrir una demanda de religiosidad presente entre las capas sociales más bajas, a las que la religión oficial, con claros tintes aristocráticos, ya no satisfacía.

Dicho brevemente, la doctrina de la metempsicosis o transmigración de las almas sostiene que al morir un ser vivo, su alma se separa del cuerpo y va a unirse con otro cuerpo para formar un nuevo ser vivo. El grado de perfección del cuerpo al que se une el alma y su superioridad o inferioridad en la escala de los seres vivos va a depender de cómo haya sido la vida del alma en su unión anterior. La idea de pureza va a desempeñar aquí un papel fundamental: el alma debe purificarse en su vida actual para alcanzar una vida superior en su próxima existencia. En este marco es en el que deben entenderse las normas de conducta que al parecer el propio Pitágoras formuló y que la tradición nos ha legado. Al­gunos ejemplos de tales normas son los siguientes: "Sacrifica y adora descalzo"; "No revuelvas el fuego con un cuchillo"; "Al calzarte, comienza por el pie derecho, y al lavarte, por el izquierdo"; "No te mires al espejo junto a una lámpara"; "Abstente de las habas"; "Abstente de los seres vivos"; etc. También en relación con esta idea de pureza debe entenderse el interés especial que los pitagóricos prestaron a disciplinas como la medicina y la música: la medicina purifica el cuerpo y la música hace lo propio con el alma.

2. Las matemáticas pitagóricas: La importancia de los pitagóricos en la historia de la filosofía o de la ciencia depende en gran medida de su dedicación a las matemáticas. Los pita­góricos quedaron cautivados por el descubrimiento de la importancia de las matemáticas en las cosas: todas las cosas son numerables; la mayoría de las relaciones que se pueden establecer entre cosas diferentes son susceptibles de expresarse por medio de una proporción numérica y, lo más sorprendente, los intervalos musicales que hay entre las notas de la lira pueden expresarse numéri­camente atendiendo a la longitud de las cuerdas. La conclusión a la que conduce toda esta evidencia es clara: la naturaleza entera se muestra sumisa a las matemáticas (la afirmación que Galileo hizo diez siglos después seguro que hubiese sido del agrado de la escuela pitagórica: “El libro de la Naturaleza está escrito en lenguaje matemático”). La reflexión sobre esta conclusión lleva de manera inmediata a formular una pregunta: ¿Por qué la Naturaleza se acomoda a las matemáti­cas? La única posible respuesta que encontraron los pitagóricos consiste en sos­tener que los mismos principios que gobiernan a las matemáticas deben gobernar también a la naturaleza. Puesto que los números son el fundamento de las matemá­ticas, los números habrán de ser también el principio (arché) de los seres naturales.


Desde nuestra perspectiva resulta cuando menos sorprendente que se proponga a un ente formal, abstracto e inmaterial como principio de todo ser material. Pero no debemos olvidar que la distinción entre materia y forma es posterior. Para los pitagóricos los números eran realidades tan materiales como lo puedan ser un árbol o un libro. A esta curiosa concepción de los números contribuyó, desde luego, el que los griegos los representasen de forma espacial, mediante puntos. El número del que hablan los pitagóricos es tanto el número aritmético como el geométrico: el uno representa el punto, el dos la línea, el tres la superficie y el cuatro el volumen. La forma de representar a los números influyó además de forma decisiva en la importancia que concedieron al número diez, al que llamaron tetratkis:



Como puede verse, este número así representado resulta estar formado por los cuatro primeros números y medir lo mismo por cada uno de sus tres lados. La coincidencia de ambas características en el mismo número les pareció algo extraordinario y por ello le otorgaron poderes mágicos. También influyó la forma de representar los números en la configuración de la tabla de opuestos que los pitagóricos emplean como explicación de la realidad. Puesto que los números son muchos, había que buscar un principio explicativo de todos ellos; los pitagóri­cos encontraron que no había uno sino dos principios: lo par y lo impar. Y si esta pareja de conceptos opuestos es capaz de explicar el origen de todos los números, a partir de ella debiera ser posible explicar también toda la realidad. Así es como se explica la tabla de conceptos opuestos que proponen los pitagóri­cos y que no es más que las distintas manifestaciones de la oposición única entre lo par y lo impar:

Impar – Par
Límite – Ilimitado
Uno - Múltiple
Derecho – Izquierdo
Masculino – Femenino
Estático – En movimiento
Recto – Curvo
Luz – Oscuridad
Bueno – Malo
Cuadrado – Oblongo

Es digno de destacar que del lado de lo impar cae todo aquello que es social y culturalmente valorado de forma positiva, y del lado de lo par, lo valorado negativamente. Esto obedece a que al representar los números mediante puntos, en los números impares la proporción entre los dos lados del paralelogramo formado por los puntos permanece siempre idéntica, mientras que en los números pares esta proporción varía indefinidamente:



Llama la atención que el concepto de "ilimitado" es colocado en el lado de lo que es valorado negativamente; ello supone un cambio total respecto a la doctrina de Anaximandro. Este cambio de valoración va a permanecer como lo dejaron los pitagóricos, para todo el mundo clásico.


3. La armonía y el interés por la política: Los opuestos tienen que unirse para ser capaces de generar toda la realidad. Esta unión no se realiza por el triunfo de uno de los opuestos sobre el otro, sino mediante la armonía. Aquí el término de justicia (diké) empleado por Anaximandro (por cierto, parece ser que Pitágoras era asiduo a los discursos que en Mileto daba Anaximandro), entendiendo esta como el principio a través del cual el ápeiron regulaba los excesos de unos opuestos sobre otros, es cambiado por el término armonía. El concepto armonía es tratado “musicalmente” por los pitagóricos que creían que el orden del Cosmos se sustenta en una melodía constante que debido a su constancia y monotonía no resulta accesible a todos los “oídos” o todas las mentes, como deberíamos decir. Solo el “oído”, la mente, entrenado, entrenada, es capaz de captar dicha armonía y comprender la mecánica y el orden del Universo. De aquí la necesidad de curtirnos intelectualmente, de adquirir la auténtica sabiduría.

En la antropología, la búsqueda de la armonía se manifiesta en la tarea de purificación del alma como medio para alcanzar una vida más ordenada y mejor (recordemos lo dicho con respecto a la doctrina de la metempsicosis: cuanto más ordenada y mejor sea nuestra vida, mejor será nuestra “reencarnación” futura). Entre el macrocosmos universal y el microcosmos individual se encuentra el mesocosmos social, la polis, al que también habrá que procurar una existencia armónica. De ahí el interés de los pitagóricos por la política. Probablemente debieron defender como doctrina política, la conveniencia de un estado aristo­crático del tipo del que más tarde propugnará Platón y la razón para creerlo es que realmente fue la tendencia política que adoptaron en la práctica en Crotona, donde tuvieron un gran peso en la gestión social durante su permanencia en aquellas tierras italianas.


Una de anécdotas pitagóricas:

Pitágoras “el hombre de las mil caras”: Parece ser que el profesor de Pitágoras, de nombre Ferécides de Siros, esculpió en piedra la siguiente frase: "Pitágoras fue el primero de los griegos". Heráclito, en cambio, lo presenta como caudillo de una banda de embaucadores, mientras Herodoto lo hace como medio héroe, medio Dios. Apolonio de Tiana escribió "Vida de Pitágoras" en la cual lo representa como profeta, taumaturgo y santo. La leyenda lo presenta como profeta y obrador de milagros, cuya doctrina le habría sido transmitida directamente de su dios protector, por boca de la sacerdotisa de Delfos, Temistoclea. La tradición, en cambio, se esfuerza en rescatar al Pitágoras científico, al matemático y sabio legislador de éxito entre sus semejantes y cuya contribución al conocimiento humano resulta de un valor incalculable ¿Quién fue realmente Pitágoras?

Pitágoras “el supersticioso”: No deja de ser curioso que en una escuela donde se trataba de alcanzar la sabiduría se adoptasen, al mismo tiempo, posturas sumamente supersticiosas como las de no comer judías, no mirarse en un espejo junto a una lámpara o empezar siempre a calzarse por el pie derecho ¿Qué efectos creían los pitagóricos que causarían la desobediencia de tales preceptos? ¿Es posible que nos reencarnemos en una mísera piedra por el hecho de gustarnos las judías y comerlas habitualmente?

2 comentarios:

Ramón Spinoza dijo...

Siento mucho decirte que aquí hay algunos plagios de libros de enseñanza... Probablemente sepas que lo has plagiado, ¿podrías borrar esos datos?

Víctor M. P. dijo...

Buenas,

Tengo controlado el tema de los comentarios para filtrar los indeseados. Es decir, no tengo problema alguno en publicar su comentario, como puede ver, ya que bien podría haberlo ignorado sin más.

Le agradecería que me cita se exactamente los lugares de los que he plagiado este texto de Pitágoras (le invito a que lo haga con un nuevo comentario y lo publicaré igualmente) y su escuela. Hasta donde alcanzo a recordar, la información que manejo en todas mis entradas tiene como fuentes el manual de Copleston, el de Russell, mi temario personalizado de las oposiciones y mis propias interpretaciones/aportaciones.

Si me cogió perezoso con el bueno de "Pita" y tomé demasiado de mis apuntes que ya estaban tomados de otro lugar, lo modificaré sin mayor problema.

Gracias y un saludo