28 oct. 2011

PLATÓN (VII): La antropología platónica


Para Platón
, pues, como hemos indicado, la realidad se escinde en dos: ámbito, realidad o mundo inteligible y ámbito, realidad o mundo sensible. Al primero lo considera la verdadera realidad y al segundo la realidad aparente.Ahora bien, es un hecho que nuestra vida se desarrolla en este mundo que Platón considera aparente, con lo que cabe preguntarse ¿Es posible alcanzar ese mundo verdadero de las Ideas o, al estar atrapados en esta realidad sensible, dichas Ideas nos resultan incognoscibles? Platón salvará esta cuestión con su idea de hombre, con su concepción antropológica: El hombre es un conjunto formado por cuerpo y alma. El cuerpo es nuestra parte sensible y el alma la inteligible. De este modo el hombre pertenece a los dos mundos, teniendo así una conexión con el mundo inteligible que le permitirá dar ese paso hacia el conocimiento verdadero, el de las Ideas. Esto tiene bastante sentido si entendemos que "inteligir" es pensar y el pensamiento es un atributo propio del alma y no del cuerpo. El pensamiento (bien dirigido, analítico, como ya señaló Sócrates) o intelección nos puede elevar al ámbito inteligible y hacernos captar las Ideas verdaderas.

(Nota: Debemos tener en cuenta que cuando leemos la palabra "alma", aun sin quererlo, le estamos dando una connotación religiosa filtrada por la tradición cristiana y esto produce un anacronismo en nuestra interpretación. Para los griegos, el alma, llamada psyché, era la parte inmaterial del ser humano de la que procedían los sueños y generaba el pensamiento. Evidentemente, los griegos clásicos aun no tenían una concepción científica de la mente, ninguna neurociencia cognitiva ni nada parecido y, por tanto, atribuían al sueño y el pensamiento, por su naturaleza inmaterial, un carácter espiritual separado de lo físico)

 
Cómo debemos dar ese “paso” hacia dicho conocimiento verdadero es algo que veremos en el apartado siguiente, dedicado a la teoría del conocimiento platónica, pero hay algo que sí que tenemos que aclarar: la concepción del cuerpo como “cárcel del alma”. Para Platón, y en consonancia con el resto de su dualismo, la parte elevada del hombre es el alma (por pertenecer al ámbito inteligible), mientras que la parte más pobre de nuestro ser es el cuerpo (ámbito sensible). El alma humana queda encerrada en el cuerpo al unirse a este y conformar el hombre particular. Esta unión es la que nos dificulta el conocimiento de las verdaderas esencias ¿Por qué? Pues porque el cuerpo pertenece enteramente al ámbito sensible y está apegado a las cosas físicas, a las apariencias, las cuales capta a través de ese instrumento defectuoso que son los sentidos; también nos empuja a las pasiones debido a los bajos instintos; es él mismo físico (el cuerpo, se entiende) y, por tanto, meramente temporal y aparente, etc. Toda la teoría del conocimiento platónica estará encaminada a la purificación del alma por medio del conocimiento verdadero. Lo que se busca con dicho conocimiento es que el alma se libere de esa “cárcel” que es el cuerpo, porque solo entonces estaremos en disposición de alcanzar el conocimiento de la Idea, separado por completo de las apariencias de este ámbito sensible.




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